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Aikido: Camino de energía y armonía

Aikido: Camino de energía y armonía

Un maestro del aikido nos cuenta su experiencia en el arte marcial y nos dice por qué es diferente al resto

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El lugar era pequeño pero bastante acogedor, las paredes blancas hacían que el lugar luzca bastante sereno. La imagen de Morihei Ueshiba, el maestro creador del aikido en una de las paredes, era lo más resaltante del lugar. Los alumnos permanecían arrodillados y atentos mientras observaban las técnicas de neutralización que el sensei José Mateo, realizaba con uno de los discípulos. Los movimientos iban al ritmo que marcaba el mentor. Una agarrada de muñeca siempre llevaba a una sumisión poco violenta pero bastante efectiva.

El aikido es, por su traducción, el camino de la energía y armonía, la cual busca neutralizar y canalizar la energía que el atacante proporciona y utilizarla en su contra para lograr someterlo sin que este reciba daños perjudiciales, a diferencia de otras artes marciales, en las que se busca neutralizar o someter al rival en base a golpes o sumisiones.

Este arte marcial fue creado en un proceso de 30 años entre 1930 a 1960 por el maestro japonés Morihei Ueshiba (1883 – 1969), el nombre de “aikido” fue de uso oficial a partir del año 1942, gracias a la Dai Nihon Butokikai, entidad que se encargó de promover artes marciales en Japón. La práctica y difusión del aikido se dio internacionalmente después de la segunda guerra mundial. Además su filosofía está basada en la religión nipona Omoto, teniendo como concepto principal la unificación universal de religiones.

José Robinson Mateo Napa, o como le dicen sus alumnos: sensei Mateo, tiene la categoría de 4to DAN (Aikikai). Tiene 36 años y practica aikido desde hace 23. Su madre, al notar toda la energía que José poseía de niño, quiso inscribirlo en algún arte marcial, pero no sabía exactamente cuál. “Yo le dije a mi madre, no me inscribas en un arte marcial donde tenga que hacer sonidos de animales como el kung fu y el karate”, cuenta el maestro, mientras se acomoda su Hamaka (parte del traje de un aikidoka o practicante del arte marcial).

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Además nos explica que no solo se diferencia de otras artes marciales por no lastimar al rival, sino también porque esta no busca generar competencia entre los practicantes. Mientras en el karate, el kung fu o el taekwondo se busca probar quién es el mejor en un combate, en el aikido no hay rivales, solo hay compañeros de entrenamiento que se turnan para practicar. Es por ello que tampoco hay competiciones de esta arte marcial, porque no se busca generar alguna clase de ambición o ego entre los aikidokas con medallas, trofeos o alguna clase de premios.

José Mateo es abogado de profesión. Ejerció la carrera y llegó a ser fiscal penal. Poco a poco su trabajo lo agobió y sintió que tenía que tomar una decisión: dedicarse de lleno a su profesión o al arte que amaba: el Aikido. “Fue una decisión difícil, pero opté por dedicarme profesionalmente al Aikido y ahora imparto clases en mis dos dojos. En este de Jesús María y en el otro que tengo en San Borja”, cuenta el sensei, mientras se seca el sudor de la frente con una toalla y bebe un sorbo de agua de una botella.

Su profesor, un sensei japonés 8vo Dan (Aikikai) ya fallecido, le notó a Mateo Napa, aptitudes propias de un futuro buen instructor y le dijo que él debía dedicarse a enseñar e impartir esa práctica y filosofía de vida.

“Mi maestro fallece y anteriormente me dijo que yo debía enseñar y tener mis propios discípulos. Previamente ya tenía horarios a mi cargo en diversos dojos en donde otras personas me decían que enseñaba bien y me recomendaban abrir mi propio espacio”, contó Mateo.

El siguiente horario empezaba en el dojo “Aikido Buse Perú”, en Jesús María. El día estaba fresco. Había sol pero corría un viento. Era horario de niños. Todos se mostraban enérgicos y bastante despreocupados, teniendo que intervenir el sensei a cada instante, siempre asertivo y con una sonrisa en el rostro que les generaba seguridad, a diferencia de los jóvenes y adultos de otros horarios que practicaban con seriedad y respeto, lo que generaba un ambiente de suma tranquilidad.

Por: José Astete/Reportero AP.net

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