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Alejandra Costamagna: “La literatura es un lugar donde uno se enfrenta a todas las miserias y las grandezas de los seres humanos”

Alejandra Costamagna: “La literatura es un lugar donde uno se enfrenta a todas las miserias y las grandezas de los seres humanos”

Conversamos con la escritora y periodista chilena, Alejandra Costamagna, quien amablemente nos comentó una parte de su vida, la literatura, y la evolución que ha tenido al pasar de los años.

¿Cómo iniciaste en el mundo literario?

Yo creo que probablemente como empiezan muchos escritores, leyendo. La forma de llegar a la escritura es indudablemente a través de la lectura. Es el primer peldaño lo que alimenta todo

¿Cuál fue el libro que te dijo, quiero tomarlo de manera profesional?

Más que un libro en particular es el proceso de formación como lectora en mi caso. La concepción de que la lectura me permitiera acceder a otros mundos posibles y la escritura es la prolongación de ese mismo ejercicio también a otros mundos posibles, es como un conjunto de todas esas lecturas que fueran alimento esa visión que a partir de las palabras se pueden crear otros universos también, y que permite ponernos en la piel de los otros. La literatura es excavar y entender a lo que está en una primera superficie, podemos ir más allá de los vemos. Las escrituras y la lectura son complementos, son como dos operaciones de un mismo sentido.

¿Este proceso te ha costado bastante?

Uno va buscando pares en este proceso, te vas acercando casi como por una atracción natural a los pares que están en la misma disposición. Claro, en los inicios yo hice un par de talleres literarios que eran como encontrar a esta comunidad en la que estas teniendo las mismas obsesiones. Un taller literario en el que compartíamos los textos, leíamos en voz alta, que podíamos tener una visión más crítica de lo que estamos haciendo y eso para mí fueron experiencias super marcadoras de sacar un poco el texto de tu propio ombligo y poner exponerlo y exponerte también porque al final la literatura es un ejercicio de exposición.

¿Te encuentras al leerte en tus inicios?

Hay algunas experiencias en las que uno, si yo me ubico como lectora de mis mismas obras, puedo interpretar algo más abiertamente, me convierto en otea lectora, que leyó por primera vez esa novela cuando tenía 25 años. Entonces, me pasa que me reconozco en términos como más esenciales, pero me desconozco como en la respiración de esa persona que tenía 25 años y escribió ese libro, hoy es otra. Ahora, ya no respiro de la misma manera. Hay otro contexto, probablemente hay otra lectura, hay otra forma de acercarse a las palabras. Esa experiencia en concreta significó para mí. Yo publiqué mi primera que se llama “En voz baja”, en 1996, una novela que hablaba de la fractura al interior de un núcleo familiar que de alguna forma hacia una especie de espejo con las fracturas que estaban ocurriendo al exterior, en la sociedad, el golpe de estado y todo lo que eso significó. Esta novela está narrada por una protagonista que es una niña que observa como todo este mundo se desmorona y ve como ocurre todo esto en voz baja. Nadie le quiere decir lo que está sucediendo, porque es muy chica para entender. Es como una forma de protegerla de todo este drama que está pasando.

¿Esa novela no fue reeditada?

Si, se reeditó 7 años después que fue publicada. En el contexto que se cumplían 40 años de la conmemoración del golpe de estado. Entonces, volví a leer la novela y me pareció que esa historia seguía siendo válida, está muy vigente sobre lo que ocurre, pero esa voz baja a la que alude el título me parecía que no estaba ahí o sea que la novela tenía mucho ruido, había que silenciarla, bajas los silencias que ocurren por debajo. En el fondo es la misma historia, pero es otra la respiración, con esa sinopsis, yo escribiría hoy. Es un ejercicio de lectora a observar mi propia obra.

¿Te sientes más cómoda escribiendo un cuento o una novela?

Son distintos ejercicios en realidad, creo que cada uno responde a un momento particular en el que puedo estar. El cuento tiene la ventaja que es más inmediato y ni tan inmediato porque no soy muy rápido porque me demoro bastante. Más que tratar saber que decir, es trabajar sobre la corrección, y corregir, es como trabajar con el borrador. Me gusta mucho el dar muchas vueltas a cuál es la música que salga de lo que estoy haciendo. Entonces, es engolosinarme con el proceso de corrección. Es como trabajar con la artesanía de las palabras. Es lo que más me seduce del proceso de escritura.

¿Cómo te sentiste al saber que Roberto Bolaños conocía tu trabajo y le gustaba?

Fue desconcertante y estimulante a la vez por supuesto porque yo admiro mucho su escritura y no tenía idea de que él había leído lo que yo había escrito. Fue una bonita sorpresa en realidad. Desconcertante porque yo había publicado 2 libros y como que no esperaba que Roberto Bolaño quien yo admiro mucho estuviera al tanto de lo que se estaba haciendo tan generosamente con autoras que recién estaban partiendo.

¿Cuáles son tus influencias literarias?

Particularmente justo en el libro que he presentado que es “dile que no estoy”, hay una figura que a mí me parece muy relevante que es Felisberto Hernández, escritor uruguayo y ahí hay toda una gama de escritores rioplatenses, que no diría ni uruguayos ni argentinos propiamente tales como si fuera una especie de planeta aparte. Metería también a Uneti y que de alguna forma trabajan con algo que a mí me interesa mucho que es la épica de la cotidianidad y con la memoria como sustrato de todo eso, que me alimentan mucho en la mirada literaria.

Por: Daniel Hidalgo/Reportero AP.NET

Acerca de Mario Polo Vargas