martes , noviembre 21 2017
Noticias Destacadas
Inicio / Reportajes / Entrevistas / Del Whatsapp al Daesh
Del Whatsapp al Daesh

Del Whatsapp al Daesh

El radicalismo de ISIS ha encontrado en la tecnología un gran aliado para captar más adeptos que tanto está golpeando Europa

Cuando el tropel de guardias civiles irrumpió en su vivienda de Gandía, hacía ya tiempo que Raja El Aasemy vestía de riguroso negro de los pies a la cabeza. Su detención, el 5 de septiembre del pasado año, frustró el deseo inequívoco de esta joven marroquí de 19 años de unirse al Daesh (acrónimo en árabe del autodenominado Estado Islámico). Un proceso de radicalización ideológica la había empujado a “emigrar” a los territorios de Siria e Irak controlados por ese grupo terrorista. En poco tiempo Raja pasó del tuit y el WhatsApp a la yihad activa.

El juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno acaba de procesar a esta presunta yihadista por un delito de integración en organización terrorista. La chica, que sigue en prisión a la espera de juicio, también es sospechosa de adoctrinar o captar a futuros terroristas, así como de incurrir en algunas de las actividades delictivas que han sido incorporadas al Código Penal tras la última reforma legal, como el autoadiestramiento para cometer atentados mediante la descarga de material de Internet.

La investigación ha permitido reconstruir la delirante espiral que condujo a esta joven a terminar todos sus post en Facebook con la frase en árabe “El terrorismo es un deber”. Sus perfiles eran continuamente clausurados por esta plataforma al infringir las condiciones de uso de la misma. Pero el proselitismo más activo en favor de los postulados del ISIS, con los que se mostraba totalmente alineada, lo reservaba sobre todo a sus mensajes de WhatsApp que intercambiaba, mayoritariamente, con otras mujeres. En una conversación con alguien identificado como Abo Ferdaws, que tiene un número de teléfono marroquí, justifica sin ambages el asesinato: “Lo único aceptable es cortar cabezas”. Lo mismo hace al conversar con el abonado de un número español, ante quien reitera su determinación de “matar infieles”.

Con el nick Raacha Elaasemy se había mostrado especialmente activa en Facebook. Publicó por ejemplo un vídeo en el que un líder del ISIS (siglas de Estado Islámico en inglés) arengaba a sus acólitos antes de un enfrentamiento con el Ejército sirio. O compartió una fotografía donde una mujer musulmana volaba sujeta a un avión con banderas de esa organización junto a la leyenda: “Llevadme con vosotros al Estado Islámico”.

Según el juez Moreno, la sospechosa “ha sufrido un evidente proceso de radicalización” que ha desembocado en la continua propagación de “ideas yihadistas” y en la incitación a la comisión de atentados. Se trata del mismo proceso que ha llevado a miles de chicos y chicas en edad universitaria de toda Europa a sentirse fascinados por un puñado de fanáticos que a miles de kilómetros sueñan con imponer un nuevo califato a golpe de secuestros y decapitaciones.

Los especialistas de las fuerzas de seguridad españolas describen varias etapas en ese recorrido. La primera consiste en un consumo pasivo de vídeos y material propagandísticos. En una segunda fase el internauta se convierte en “redifusor” de esos mismos contenidos en su entorno cercano. Y al final, termina desarrollando “una labor proactiva” en la captación de otros individuos. En los casos más extremos, el adepto acaba viajando a Siria o Irak, convencido de que la lucha contra el infiel y el martirio son la razón de su vida.

“De todo lo actuado se desprende que Raja El Aasemy tenía la intención de viajar a las zonas de conflicto para integrarse en una organización terrorista y realizar la yihad, con el consiguiente riesgo para la seguridad del Estado y la para la seguridad de otros países”, concluye el magistrado de la Audiencia Nacional.

El Aasemy, que llevaba varios años residiendo y trabajando en la localidad costera valenciana, hizo todo ese camino. El auto de procesamiento describe como inminente el viaje que la muchacha estaba a punto de emprender para unirse al Daesh. Ya había tramitado ante el consulado de Marruecos en Valencia la renovación de su pasaporte y resuelto el contrato con la compañía telefónica. “Buscaré una buena excusa y me iré para allá”, anunció a algunos allegados por teléfono.

Varias conversaciones telefónicas interceptadas por los agentes revelan que su idea era llegar a Turquía e introducirse desde allí en Siria. La propia El Aasemy cuenta incluso a algunos amigos por wahtsapp que se ha puesto de acuerdo con “una hermana” de Líbano para “emigrar juntas”. El 1 de septiembre del pasado año, cuatro días antes de su detención, cambió la foto de perfil de Facebook por la frase: “La cuenta está cerrada durante un momento y volveré… y si no vuelvo, perdonadme, ¡Que Allah os dé felicidad a todos!”. Esas palabras sonaban a despedida. A punto final de un delirio jalonado de búsquedas en Google con un mismo objetivo: “terrorista y orgullosa”, “perteneciente al Daesh y orgullosa de serlo”, “obedecer a la familia y querer ir a la yihad”, “aleyas que justifican el hecho de matar al infiel”, “campamentos del Estado Islámico” u “operaciones de martirio”, entre otras. Meses en las que habían adoctrinado a amigos y conocidos, ante los que defendía que lo único “aceptable” era “cortar cabezas” y les manifestaba su deseo de “matar infieles”.

Ricardo Urteaga-Reportero AP.net

Acerca de Mario Polo Vargas