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Ideal nol: El lenguaje de los jóvenes

Ideal nol: El lenguaje de los jóvenes

Estos textos han dado origen a códigos muy bien estructurados; se utilizan en escuelas e incluso ya hay manuales de ese sistema de expresión

Es rápido, abreviado y llamativo, y se vale un poco de todo: caritas, números, signos y letras. Ésta es la materia prima de la que los jóvenes han echado mano para construir un nuevo código de entendimiento, con textos que fluyen día y noche en celulares y en el canal de comunicación masiva de mayor participación en el mundo: la Internet, y que, incluso, hoy ya trascienden ese espacio para instalarse en otros que parecen inimaginables.

Recurso para afirmar la identidad, coinciden lingüistas, escritores y profesores de aula; manifestación de rebeldía ante la escritura convencional, dicen otros. Lo cierto es que esta forma de expresión es utilizada por miles de jóvenes en todas partes del mundo, como se asienta en una diversidad de páginas electrónicas, creadas ex profeso para el intercambio de textos.

Es tal su popularidad que recientemente se creó “el idioma ideal nol, el cual tiene su alfabeto formado por 23 letras, su propio vocabulario y reglas gramaticales. A partir de esta idea, concebida “como una lengua de encuentro entre los jóvenes del mundo”, hoy día ya circula una “novela nol” y el “idioma” es aprendido en la web por jóvenes de 32 países, pertenecientes a cuatro continentes.

Formas creativas o no, códigos que no llegarán “muy lejos”, según los expertos, estas nuevas expresiones escritas confirman un hecho: la necesidad de una comunicación más rápida y eficaz, al ritmo de las nuevas tecnologías.

Raúl Ávila, reconocido lingüista, autor del Diccionario inicial del español de México, recuerda que “todo el mundo ha modificado el lenguaje, pero no nos gusta que otros lo modifiquen, sobre todo cuando son jovencitos”.

Y si no desafían las normas, la autoridad, entonces, “¿para qué son los jóvenes? Ellos son para discutir aquí y en Cuba, aquí y en China, es pura dialéctica. Las generaciones tienen que contradecirse; acaso no se dice ahora ¿qué onda? Hasta en Argentina lo hacen y creen que se inventó allá”.

Para José Agustín, considerado la voz principal de la llamada literatura de la onda –la cual demostró la necesidad de dar nuevos nombres a los fenómenos de la realidad–, los lenguajes se enriquecen por medio de estas manifestaciones, siempre y cuando haya voluntad de expresión y no de incomunicación.

No obstante, el autor de la novela La tumba, apunta que “es muy difícil que un sublenguaje llegue a cubrir un panorama complejo de expresiones que tienen años, siglos, sedimentándose y manifestándose. Los lenguajes son irremplazables y, por más que se encuentren signos, números, llegará un momento en que se tendrá que recurrir al viejo idioma, al viejo lenguaje”.

Considerados códigos en estricto sentido, los jóvenes comenzaron a crearlos a partir de los mensajes de texto que viajan en teléfonos celulares, agendas y correos electrónicos. León Gerónimo, estudiante de sicología de la Universidad Nacional Autónoma de México, explica que esta manera de escribir obedece “a un ahorro de espacio y, por tanto, de dinero, ya que en los celulares te condicionan los caracteres y una vez que los pasas te lo cobran como segundo mensaje”.

Dice que muchas personas escriben así no sólo para ahorrar, sino también “por flojera o por moda”, pero “hay un tipo de jóvenes que se llaman emos, que escriben mucho con la equis, y no es tanto por hacerlo en código sino para identificarse”.

La principal actividad es el correo electrónico, pues 83 por ciento lo utilizaron en el mes anterior. Casi todos los internautas, 96 por ciento, recurren a la mensajería instantánea. Para ellos, la Internet se ha vuelto a tal grado indispensable que 41 por ciento afirman que su vida se vería muy afectada si no tuvieran acceso a ella y otro 13 por ciento confiesa que sentiría que “casi no pueden vivir”.

Lo mismo un “tipo fresa, que un chico punk o un joven sin tendencia” –comenta León Gerónimo– se comunican principalmente con sus amigos a través de estos códigos, donde la clave consiste en que “cuando escribes, lo haces de tal forma que cuando el otro lo lee, es como si lo estuviera escuchando”.

No obstante, el espacio natural, “entre amigos”, para intercambiar estas nuevas formas de expresión, ya fue rebasado. El profesor Salvador García, de la secundaria 140, afirma que, de cada 10 alumnos, entre tres o cuatro entregan así sus trabajos escolares y, por lo general, son los adolescentes que están más avanzados en el uso de las tecnologías.

César Mendoza, maestro de red escolar en la secundaria 101, en Coyoacán, recuerda que cuando vio este tipo de textos, porque incluso hay docentes que “empiezan a escribir así”, se horrorizó al considerar que es una “deformación” de la lengua, pero después observó que es otro código, “con reglas, significado, y que no es al azar”.

Frente a estas manifestaciones “legítimas de los jóvenes para afirmar su identidad”, añade el director de la secundaria 207 vespertina, Mario Alberto Leyva, “lo peor sería que prevalezca la visión del maestro tradicional, es decir, la de reprimir. El docente está en la cultura del deber ser y la bronca es que estas expresiones son del ser”.

Ricardo Urteaga-Reportero AP.net

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