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Jóvenes digitales, ¿ancianos de la robótica?

Jóvenes digitales, ¿ancianos de la robótica?

Adolfo Medrano

Los jóvenes que nacieron hacia 1990 disfrutan los avances tecnológicos del presente y son hábiles en el manejo de las aplicaciones digitales, pero –en muchos casos– podrían ser los ancianos que hacia el 2075 contemplen sin entender bien, los cambios que la robótica introducirá en su cotidianeidad.

La vida pasa tan rápido que todos estamos obligados a comprender la dinámica de la tecnología para no devenir obsoletos. En apariencia la población económicamente activa se adapta a esos cambios pues todo pasa por manejar la información desde un teléfono inteligente.

Este proceso ha reavivado viejas costumbres, por ejemplo el hábito epistolar. Ahora ya no solo se habla por teléfono sino que en lo fundamental se escribe vía mensajería (Whatsapp, Messenger, Twitter, etc.) o posts (Facebook, Instragram, etc.).

Con la masificación del correo electrónico en la Web 1.0 y la interactividad de la Web 2.0 se liquidó en la práctica la actividad del viejo cartero. Existe la mensajería que nos trae los recibos físicos de las cuentas crediticias a los domicilios, pero resulta anacrónico y casi exótico recibir una carta postal.

Lo que parece normal para unos, no lo es para otros. Algunas personas mayores no terminan de adaptarse a las fotos digitales y preguntan algunas veces cuándo se van a imprimir las imágenes de los teléfonos inteligentes. Es decir, el álbum fotográfico también ha pasado de moda.

En la década de 1980 algunos trabajadores adultos vieron culminar sus ciclos laborales de manera intempestiva por no adecuarse a la computadora. Hay que agregar que los primeros softwares no eran amigables y para echarlos a andar se debían teclear una serie de comandos en lenguaje de programación.

La cibernética y las políticas neoliberales redujeron la mano de obra pues el trabajo que antes realizaban tres o cuatro personas, ahora lo hace una sola desde un terminal de computadora.

Y la evolución ha ido tan rápido que pronto pasamos también a encaminar nuestra vida social en función de la tecnología. Desde hacer amigos virtuales, ligar por computadora, enamorarse de manera digital hasta presumirlo para el festejo de los amigos con likes y comentarios.

Un cambio de hábitos que se produjo desde principios de la década de 1990 gracias al incentivo de las viejas salas públicas de Starmedia, las primeras mensajerías personalizadas de Hotmail y Yahoo, así como su correlato actual vía Whataspp u otros formatos en los teléfonos inteligentes.

Pasar el dedo por una pantalla y agrandar fotos, cambiar de páginas, responder mensajes, tomar imágenes, grabar videos, escuchar música, leer archivos, crear documentos, gestionar pagos y hacer compras es revolucionario, sin embargo será obsoleto dentro de poco.

No hay que olvidar que estamos en la era de la robótica y en los laboratorios de Silicon Valley se trabaja de forma acelerada en microchips (del tamaño de un grano de arroz o una lenteja) que serán implantados en el cuerpo de las personas para recibir mensajes o llamadas sin necesidad de un aparato telefónico, a través de un impulso eléctrico en nuestro sistema nervioso. ¿Ciencia ficción? Lo parece pero será una realidad masiva en apenas 50 años o menos.

En la actualidad, los microchips son usados en determinadas empresas para controlar el acceso de los trabajadores en zonas de seguridad o verificar su producción laboral a pesar de la protesta de algunas personas por razones religiosas.

La robótica camina de la mano con el avance de la ingeniería genética, lo cual permite avizorar que muchos problemas de salud, relacionados con enfermedades o accidentes, podrán ser solucionados con el implante de prótesis inteligentes que cambiarán el concepto de la discapacidad.

Hay quienes especulan que los androides –activos ya en el Japón actual– transformarán con gran radicalidad el sentido de la vida humana en la segunda mitad del presente siglo.

“Real Humans”, una serie sueca de ciencia ficción producida para televisión el 2012, se ocupa del tema. Recrea una revolución silenciosa de los androides, especula sobre las relaciones sociales entre humanos y robots, introduce el nuevo concepto del amor y replantea las relaciones laborales. Lo que se ve ahí no parece tan lejano de la realidad.

Todavía faltan muchos cambios que los ancianos del año 2075 deberán enfrentar. Será un desafío para la convivencia con los jóvenes de ese tiempo. Resulta inevitable que el pellejo delate el paso del tiempo, pero combatir el envejecimiento mental, tendrá que ser un deber fundamental.

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