lunes , octubre 15 2018
Noticias Destacadas
Inicio / Reportajes / Entrevistas / La necesidad de leer para vivir y sobrevivir
La necesidad de leer para vivir y sobrevivir

La necesidad de leer para vivir y sobrevivir

Adelina Monrroy lleva más de 10 años vendiendo libros, a pesar de las bajas estadísticas de lectura en el país

Roberto Bolaño, en la Feria Internacional del Libro de Chile del año 99, manifestó una anécdota sobre la necesidad de los libros que sorprendió a todos los presentes en aquella entrevista: “Para mí —robar libros— (…) era una necesidad. Yo soy muy tímido y en aquella época era aún más tímido y yo veía como mis amigos robaban libros y sus bibliotecas iban creciendo, menos la mía y entonces me decidí a entrar en el gremio de los ladrones. Al principio me fue bien, luego tuve dos o tres caídas y dejé de hacerlo, me ponía muy nervioso. Pero yo creo que es algo que todos los jóvenes hacen y me parece buenísimo que hagan eso. Robar libros no es un delito”. Le expreso aquél fragmento de la entrevista, con una voz impostada, a Adelina y ella —sorprendida— no lo puede creer. “No puede creer que un escritor como Bolaño, haya robado libros en su juventud como acto sagrado”, ella sólo sonríe aún incrédula mientras ojea su tienda y se asegura que todos los libros yacen en el lugar donde los dejó.

Adelina Monrroy Vásquez, tiene la mirada cansada, el cabello corto y suelto, y una sonrisa tímida que la acompaña en todas sus palabras. Ella vive a pocas cuadras de los tres locales por los que se ha paseado vendiendo libros. En los dos primeros, donde intentaba surgir en este duro país donde no se valora la literatura, tuvo que cerrar por el aumento de alquiler o por falta de espacio. Además tiene tres hijas y por ellas tuvo que deslindar la idea de trabajar en alguna empresa por la falta de tiempo e ingresar a establecer una —ella misma— a pesar de todas las trabas que te imponen las vicisitudes de surgir de la nada.

“Llevo 10 años vendiendo libros”, me dice y sonríe otra vez. Yo le pregunto cómo se animó a dedicarse a esto, y al instante su rostro cambia abruptamente tomando una seriedad debido a los duros recuerdos que se imponen en su mente, “Vivo cerca de esta zona y no podía trabajar en una empresa formal por falta de tiempo, debido a que Arlyn —su hija mayor— era muy chica y necesitaba de mucho cuidado. Yo necesitaba dinero para sobrevivir, entonces vi cómo algunas personas se dedicaban a la venta de novelas y me decidí a hacer lo mismo en un stand chico justo al costado de donde nos encontramos. Allí yo empecé. Con algunas maderas que utilizaba como estante, para colocar los pocos libros que tenía”, manifiesta ella.

¿Y la venta de libros genera mucha ganancia?, le cuestiono a sabiendas que sé que la pregunta que he hecho tiene una respuesta clara, por un punto exacto: el poco interés y motivación lectora de las personas en el Perú. “Las personas que me conocen en estos diez años que vendo libros, me dicen que he dado pasos muy agigantados, que mi tienda de libros ha crecido mucho, sin embargo la ganancia aun así es poca. Quizá me alcanza, es cierto, para pagar el alquiler del local, para mi comida diaria, para la renta del lugar donde vivo y para los servicios básicos como la alimentación sin embargo no me alcanzaría para darme un viaje o unas vacaciones, debido a que yo trabajo todos los días y no tengo descanso y no lo puedo tener”. Además Adelina manifiesta que ella intenta combatir la venta de libros pirata con la venta de libros usados, “Yo no vendo muchas copias, sólo pocas porque sé que está mal. Sin embargo siempre intento comprar libros usados y ofrecerlos a mis compradores porque estos libros usados cuestan casi lo mismo que los libros piratas”, exhorta ella.

Finalmente le recuerdo aquel fragmento de la entrevista de Bolaño y le pido prestado un libro que alguna vez leí, ella se pone de pie del lugar donde se encuentra sentada y me trae el libro solicitado. Yo busco una de las páginas que recuerdo con claridad y le exclamo con una voz impostada y alta, un fragmento de aquella novela que se encuentra en mis manos:

“A primera hora de la mañana, un hombre con dos bolsas llenas de libros llegó a la librería de Andrea, Andrea lo saludó y él respondió el saludo muy educadamente. Ella le preguntó entonces en qué podía ayudarlo y él dijo:

-Estos son libros que me robé de esta librería. Ya los leí, así que vengo a devolverlos.

Pensando que había entendido mal, Andrea le preguntó:

-¿Usted me está diciendo que estos son libros robados y viene a devolverlos? ¿Por qué viene a devolverlos después de tanto tiempo?

-Porque ya los leí –dijo él-. Ya no los necesito.

Andrea no sabía qué decirle, no sabía si aquel hombre estaba tomándole el pelo.

-No se preocupe, que están bastante bien conservados –dijo él, muy amablemente, entregándole las bolsas.

Andrea echó una mirada a los libros y calculó que había quince o veinte novelas en cada bolsa.

-Los necesité para no suicidarme cuando me dejó mi novia –dijo él-. Pero ya me enamoré de nuevo. Ya no los necesito.

Luego le dio la mano y se marchó.”

Finalizo, ella sonríe otra vez y me dice, “joven, nunca me ha sucedido eso y espero que no pase. Sí es cierto que me han robado varios libros, sin embargo nadie lo hace por salvarse o por la necesidad de vivir. Sólo lo hacen para venderlos en otros lugares y así conseguir alcohol y drogas”, argumenta Adelina y ambos reímos.

Por: Manuel Gutierrez – Reportero AP.net

Acerca de Mario Polo Vargas