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La pesada causa de Wilson

La pesada causa de Wilson

Un estibador también tiene momentos felices

El día empieza y uno debe salir a ganarse los frejoles, como se dice aquí, pero para Wilson Juárez la rutina comienza en el popular emporio de Gamarra, donde su trabajo es el de estibador. Normalmente se levanta a las 7:00 am para alistarse. Él no es ningún novato en esto, él trabaja en este negocio hace cuatro años.

Wilson trabaja para la Asociación de transporte menor del Damero de Gamarra (ASETRAM), en donde su rutina comienza a las 10:00 am, pero antes de iniciar el trabajo se pone su uniforme, el cual es un polo azul que tiene estampado el número de su carreta, y a él le corresponde el 140.

Mientras lo acompaño a las galerías para que pueda trasladar los diferentes paquetes de las empresas, le pregunto sobre su vida. Aunque al principio se mostró muy reservado, luego decidió comentármelo. Tiene 25 años de edad, y es padre de dos niños, por ellos se esfuerza todos los días para darles una buena educación. Wilson no tuvo esos beneficios, pues no término la secundaria, trabajó en varios oficios, como vender caramelos, que es un trabajo común en nuestro país para un niño de su edad.

Por ello hoy trabaja duro para darles a sus hijos todas las oportunidades que él no pudo tener, y sepan valorar el esfuerzo que hace todos los días por ellos.

Al comenzar su trabajo, pone con mucho cuidado cada caja en su carreta para que nada se maltrate y recibe la ayuda de uno de sus compañeros. Después, él acomoda todo para que no sea tan pesado e incómodo; cuando termina empieza a envolverlo con soga para que nada se caiga y tampoco se mueva.

No podía explicarme cuanta fuerza puede tener una persona para llevar cajas tan pesadas que contenían ropas, y recorrer las tan transitadas calles de Gamarra, como son los jirones Gamarra, Huánuco y Antonio Bazo.

Por cada carrera, Wilson gana entre 3 y 5 soles, que a veces es muy poco porque a lo mucho gana 75 soles diarios que no alcanza para mucho.

Al llegar la noche a eso de las 7pm y después de haber terminado con su trabajo, Wilson ya muy cansado y adolorido, devuelve la carreta al almacén de la asociación por la cual tiene que pagar el alquiler que son 5 soles y eso lo paga diariamente al termino del día. Después se dirige a su casa para ver a su familia en la urbanización de Apolo, en el distrito de La Victoria.

Ahí es donde recibe la mejor recompensa: el abrazo de sus hijos y la esperanza de verlos crecer sanos y felices.

Por: Yamile Montenegro-Reportera AP.net

 

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