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Mistura un espacio para celebrar nuestra culinaria

Mistura un espacio para celebrar nuestra culinaria

Me encontraba en la espera del ansioso día para asistir a Mistura 2016, y llegó más rápido de lo esperado. Tenía que tomar el metropolitano especial que iba directo al gran evento que empezó desde el 2 hasta el 11 de septiembre en toda la costa Verde de Magdalena del Mar.

Ya en camino con la familia, afloraban los temas para conversar y hacer el recorrido más ameno, porque la travesía era un poco lejos de dónde nos reunimos para ir juntos a la feria gastronómica.

Cada vez nos quedaba menos tiempo de trayecto, el clima se mostraba radiante, y los paisajes que nos rodeaban nos decían que iba hacer un gran día. Hasta que llegamos a la recta de la Costa Verde de Magdalena, y lo primero que se divisó fue el encantador mar que brillaba como dándonos la bienvenida.

Bajamos del bus, y caminamos hasta la entrada dónde nos repartimos los boletos para la fiesta culinaria, tenían un color muy distintivo, el rosa.

Por fin en el interior de la feria, lo primero que cautivó mi atención fue la cantidad de personas que había por todos lados, ya sea correteando, sacándose fotografías, tickets para poder canjearlos por alimentos, y sobre todo la alegría que se desbordaba por todo el espacio.

Con los tickets en la mano, preferimos recorrer y adaptarnos a la zona, para saber dónde se encontraba cada establecimiento y que es lo que nos ofrecía para empezar con el primer plato de comida.

Había una gran variedad de platillos, entre los que puedo destacar son: el chancho al palo, cuy, cebiche de maracuyá, anticuchos, pachamanca, causa con tiradito. La zona de licores rodeada de jóvenes acompañados con su vaso de preferencia, y los infaltables dulces tradicionales: mazamorra, arroz con leche, ponche de diversos sabores, cupcakes, alfajores, y churros. Por otro lado la cocina internacional también estuvo presente.

Después del recorrido por todo el lugar, ya estaba decidida por lo quería probar, era el chancho al palo, así que me dirigí hacer mi cola para que nos atendieran. No habrá pasado más de 5 minutos y ya tenía el banquete entre mis manos, el cuál acompañé con un vasito de ají que le daría el toque perfecto.

Me fui en dirección a una pequeña plaza dónde se hallaban las mesas de colores con toldos. Esperé unos minutos hasta que se desocupe un sitio para poder sentarme y almorzar en compañía de un familiar que se había pedido un cebiche de maracuyá.

Mientras degustaba las delicias en buena compañía, y el sol nos iluminaba, platicábamos del bonito día, y el cansancio que ya se sentía.

Ya era más de las 5 de la tarde, y de pronto la gente se amontó, me aproximé para observar y era un juego realizado por una bebida energizante, me animé a participar, pero, de a dos personas, solo se tenía que hacer movimientos rápidos para alcanzar el máximo nivel, y terminamos ganando nuestras latas heladas.

Después de haber obtenido nuestro premio, nos fuimos en busca de los demás que se encontraban dispersos por todo Mistura.

Ya todos reunidos nuevamente nos acomodamos en el pasto para descansar y retomar energías. En ese lapsus de tiempo entre chistes y carcajeadas, las fotografías se hicieron presente para el recuerdo del 2016.

Me alisté para retirarme con mi familia del festival, nuevamente tuvimos que hacer cola para subir al bus del metropolitano que nos lleve al real plaza centro cívico, ubicado en el cercado de Lima.

Finalmente el sol se había ocultado, después de una larga y muy divertida jornada en la exposición de las cocinas culinarias, nosotros habíamos llegado al mismo punto de encuentro, dónde cada uno se despidió muy alegre para dirigirse a sus hogares.

Por: Kimberly Fernández Sánchez

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