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Mujeres operadas contra su voluntad rompen su silencio

Mujeres operadas contra su voluntad rompen su silencio

Luego de casi 20 años ellas deciden contar lo que pasó en la posta de Colquepata, por mandato de Alberto Fujimori

Por su condición de eran analfabetas, quechuahablantes y pobres, fueron elegidas del resto. La planeación se llevó a cabo desde Lima, las esterilizaciones compulsivas, las ligaduras de trompas bajo engaños, las intervenciones quirúrgicas masivas, tenían la convicción que esas mujeres, residentes a más de 3 mil 600 metros sobre el nivel del mar, en el corazón de los Andes, como las campesinas de Colquepata, no hablarían de lo sucedido por miedo, vergüenza u olvido. Erraron.

En 1996 y 1997, trabajadores del Ministerio de Salud, que habían tomado posicionamiento en la posta de Colquepata, realizaron su labor designada. Utilizaron distintas formas para capturar a sus víctimas. Desalmadas mentiras, amenazas de muerte y hasta encierro fueron la manera en que pudieron realizar su cometido. Según un registro local, 64 mujeres fueron esterilizadas contra su voluntad en Colquepata, un distrito de la provincia de Paucartambo, en el departamento de Cusco, durante el régimen de Alberto Fujimori.

Luego de casi veinte años, la verdad sale a la luz, pues las agredidas no podían seguir callando más tiempo su verdad. Tras superar el miedo a las represalias y a la vergüenza de ser señaladas (sus esposos o sus familias las despreciaban), decidieron contar por primera vez lo que les sucedió a La República. Y están dispuestas a narrar los hechos ante las autoridades.

DESGARRADOR TESTIMONIO

Dominga Pinchi Huamán, de la comunidad de Tocra, fue intervenida quirúrgicamente contra su voluntad en 1996, en la posta de Colquepata. Entonces, ella tenía 37 años. Dijo:
Seis veces vinieron (los doctores y los enfermeros a) mi casa, y a las casas de las mujeres de mi comunidad, para convencernos de ligarnos. Mi esposo no quería. Un día los enfermeros Alicia y Peter llegaron a la comunidad y habían juntado a varias mujeres. Me preguntaron cuántos hijos tenía. Les dije: ‘Tengo 3 varones y 3 mujeres’. Me respondieron: ‘¡Tantos hijos tienes! Sube, sube, sube, al carro, sube de una vez! En el carro había como nueve mujeres. En el carro nos decían que eran órdenes del gobierno, que no podíamos tener tantos hijos. Nosotras nos defendíamos diciendo que no queríamos ligarnos, que no importaba el número de hijos, que qué tenía de malo tener tantos hijos. Nos decían que si no queríamos, íbamos a ir a la cárcel. Nos dijeron que solo podíamos tener dos hijos, como máximo, que esa la orden del gobierno de Fujimori. Me llevaron a la posta de Colquepata y escapé con otra señora más. Corrí y corrí hasta llegar a Colpamayo, donde dos policías me atraparon porque mi ojota se había roto y no podía correr. Me jalaron fuerte de los brazos y me llevaron de vuelta. Me llevaron a la sala de la posta y me pusieron inyección como seis veces en el brazo. Yo pataleaba en la camilla. Había muchas mujeres sobre un plástico en el suelo. A las cuatro de la tarde me durmieron, y a la medianoche desperté. Cuando desperté estaba en el suelo temblando. No podía vestirme por el dolor. Cuando llegué a mi casa, mi esposo me botó. ‘¿Por qué te has dejado?’, me gritó. Desde entonces nada me da. Ni plata me da.

La amenaza, captura contra su voluntad y ligadura de trompas no fue algo que solo le ocurrió a Dominga Pinchi. Otras mujeres ofrecieron testimonios similares, lo que indica que la política del miedo se desplegó como cobertura para las esterilizaciones compulsivas.

El llanto era descontrolado, al relatar sus historias. Todas hablaban en quechua, sabían que si no hablaban ahora ya nunca más podrían hacerlo, y no estaban dispuestas a llevar tal secreto a la tumba.
Según el Ministerio Público, en Cusco se han registrado cerca de 2 mil denuncias de esterilizaciones practicadas contra la voluntad de las mujeres, en su mayoría campesinas, analfabetas y quechuahablantes.

En la sierra del Perú, las mujeres que han sido esterilizadas ya no son tratadas de la misma forma, debido a que no son útiles si no tienen hijos. Por eso la mayoría de las víctimas fueron abandonadas por sus esposos o parejas. Ellas solas criaron a sus hijos.

Por: Lucia Mezarina Castro / REPORTERA AP.NET

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