AP.Net// Desde el punto de vista geopolítico es lógico proyectarse a que en un futuro, al igual que la Unión Europea, se debe plasmar la Unión de Repúblicas Latinoamericanas. Pero también es lógico suponer que ello no se logrará con la imposición -hoy de violencia retórica y mañana quién sabe- de un "socialismo del Siglo XXI" que marcha contra las corrientes políticas mundiales.
Fracasado el comunismo y socialismo que se generó en el orbe en el siglo pasado, las fuerzas de ultra izquierda deben replantear sus metas. En forma similar, las extremas derechas, deberán modificar sus planteamientos. Ambas deben buscar acercamientos pragmáticos que eviten odios y luchas fratricidas, que nadie desea, y vivir en paz democráticamente dentro de una convivencia inteligente.
El objetivo principal debará ser la lucha contra la pobreza y las desigualdades. Otras metas son generar una educación de primer nivel y buscar un desarrollo integral. Latinoamérica tiene los recursos suficientes para ello.
Ahora bien, los nacionalismos y las fronteras son absurdos, si es que deseamos una unión real. Ni el socialismo o comunismo, ni el neoliberalismo son los caminos más adecuados. En el primero se pierden las libertades individuales, se vulnera la democracia, se desincentiva la productividad y se limita el progreso. En el segundo se mantienen injustas distribuciones provenientes de las fuentes de trabajo, se concede exagerados privilegios a los sectores empresariales y se abandona a su suerte la solución de los problemas sociales.
Tanto los dirigentes máximos de los gobiernos de izquierda como los de derecha, viven en la abundancia y sin compartir las privaciones de la mayor parte de sus gobernados. Es inconcebible los porcentajes de pobreza y pobreza extrema en el orbe -y esto es muy grave en latinoamérica- que salen de lo normal. Por ello deben hacerse los máximos esfuerzos por llegar a acuerdos pragmáticos.
El único país comunista que ha tenido ciertos logros importantes ha sido la China. Claro que en los últimos tiempos se observa una convivencia entre comunismo y capitalismo que le permite desarrollar mercados internos y externos dentro de los principios económicos liberales y aprovecha de ambas corrientes. Sin embargo los países capitalistas han logrado resultados más cercanos en su lucha contra la pobreza y alcanzado notables desarrollos.
Las corrientes humanitarias y el pensar con caridad hacia el prójimo que carece de tanto es lo que nos mueve a insistir en tal acercamiento entre izquierdas y derechas extremas, para evitar enfrentamientos inútiles.
Estoy convencido que América Latina, más pronto que tarde, logrará una unificación económica, social y política. Será el momento de convivir con metas comunes, sin fronteras y sin nacionalismos absurdos. Tal vez un "capitalismo social" sea la solución. La verdad es el amor que demostremos por nuestros compatriotas latinoamericanos más necesitados nos llevará a las soluciones.
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