AP.Net//El tema de la legalización del aborto por más que se trate de situaciones excepcionales, siempre será polémico y tocará fibras muy sensibles, generará posiciones contradictorias, muchas veces irreductibles e irreconciliables. Debo confesar que a raíz del revuelo que está causando el tema, se me está haciendo muy complicado tener una posición clara al respecto, más aún cuando para terminar de hacer más denso el ambiente, el Tribunal Constitucional acaba de prohibir al Ministerio de Salud que deje de repartir en sus establecimientos la llamada "píldora del día siguiente".
Una cosa que sí tengo clara es que si el debate ya se ha iniciado, este tiene que continuar y profundizarse, como lo han planteado respetables personalidades en un comunicado público, y hay que llevarlo a todos los confines de la sociedad y del país. Y digo el país, porque generalmente los debates de temas tan cruciales muchas veces se quedan en Lima y es bueno que se promuevan también espacios en las regiones.
Si bien no tengo claro un punto de vista sobre la legalización del aborto cuando se trata de casos de violaciones o de malformaciones genéticas, sin embargo el debate abierto me produce algunas reflexiones, que por supuesto, surgen desde la experiencia de haber trabajado y estar trabajando en pueblos y comunidades del Perú Profundo, donde también las mujeres, muchas de ellas adolescentes, sufren traumáticas experiencias abortivas. Se me ocurre por ejemplo, que hay temas de fondo que deberían abordarse, y que tienen que ver con la hipocresía endémica de nuestra sociedad -por no decir cinismo- que se hace más evidente en contextos como el actual.
Escuchar, por ejemplo, al cardenal Cipriani, erigirse como acérrimo defensor de la vida humana resulta chocante, por decir lo menos, para quienes hemos conocido el triste rol que jugó en Ayacucho. Cuando fue obispo de ese castigado departamento, jamás se preocupó por las desapariciones y asesinatos de personas inocentes, en su mayoría humildes campesinos.
Defender la vida, por su puesto, porque la vida humana está por encima de cualquier consideración. Pero, no solo se trata de defenderla en el discurso. Defender la vida es también asegurar que aquellos seres que lleguen al mundo tengan las condiciones elementales que les permitan un desarrollo integral y una vida digna. Y mientras persista la extrema pobreza, la exclusión y el olvido de millones de peruanos y peruanas que viven en las paupérrimas condiciones en que hoy subsisten en miles de comunidades campesinas, lo de la defensa de la vida resulta siendo una farsa.
Creo también que el debate en torno a la legalización del aborto, está apuntando a los efectos y no a las causas que son muchas. Es cierto que hay situaciones que son consecuencias de execrables violaciones, pero la gran mayoría de los casos tienen otras causas. Negligencia, inconciencia, desinformación, desenfreno, libertinaje, conducen a situaciones extremas que terminan en abortos que comprometen sobre todo a miles de adolescentes de sectores pobres (también de los ricos, aunque ellos disponen de medios que reducen el riesgo). Otra pregunta que me ronda en la cabeza: en caso de legalizarse el aborto en las situaciones antes señaladas, y suponiendo que las víctimas sean personas de escasos recursos económicos, cómo van a hacer para sufragar los gastos que demande una intervención de esta naturaleza?.
Por lo tanto una cuestión clave es la información y la prevención, que debería ser materia sobre todo del ministerio de Salud. Pero qué puede esperarse en esta materia, por ejemplo, en provincias como Chumbivilcas, cuya población de casi 80 mil habitantes no cuenta con un solo médico especialista, donde comunidades campesinas de cientos de familias no cuentan con puestos de salud y si lo tienen, apenas cuentan con una enfermera técnica. En estas condiciones difícilmente se puedan hacer campañas de información y prevención para evitar situaciones que conlleven a la posibilidad de un aborto.
En fin, aunque pueda parecer que me estoy saliendo del tema, insisto en que esta es una buena oportunidad para profundizar un debate que no solo quede en los efectos sino que apunten a las causas que producen el problema. Y eso requiere no solo una gran amplitud sino también la decisión de generar cambios profundos en las estructuras integrales de nuestra sociedad y de nuestro país. Salvo mejor parecer.
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