AP.Net// Este sábado 15 de agosto se cumple el segundo año del terrible terremoto que asoló al Sur de nuestro país, que costó la vida a cientos de peruanos, que destruyó prácticamente ciudades enteras como Pisco y que provocó cientos o miles de millones de pérdidas materiales.
Pero este sábado 15 de agosto, también se cumplen dos años de uno de los más vergonzosos ejemplos de cómo la incapacidad, la ineficiencia, la insensibilidad, sumada a la impunidad, son capaces de convertir estas desgracias en auténticas tragedias humanas.
Y es que a dos años del terremoto, las terribles imágenes que sacudieron las conciencias del mundo, casi siguen allí, siendo las mismas, reitero, como un monumento a la inutilidad del Estado y por qué no decirlo, de gran parte de nuestra sociedad que se presta de civilizada.
A dos años del sismo que ha sido recordado por los pobladores del Sur con marchas de protestas contra los gobiernos locales, regional y nacional, es imposible no recordar algunas cosas.
Por ejemplo, que apenas unas horas después de la desgracia, un despistado, desinformado e irresponsable presidente, me refiero obviamente a Alan García Pérez, salió a la televisión a decirnos que no nos preocupáramos, que todo estaba bien, y que el terremoto no había provocado mayores daños y mucho menos víctimas mortales; justo en el momento que muchos agonizaban bajo los escombros que había provocado la furia de la naturaleza.
O cómo olvidar, que luego tuvo que tragarse sus palabras, y reemplazó su irresponsable valoración por una de sus tantas promesas que resultan ofensivas: "en quince días recogeremos los escombros" y dos años después, Pisco sigue en escombros; o la creación de FORSUR, bajo el mando de un representante de la "eficiencia" de la empresa privada, que sirvió para demostrar que el señor Favre, puede ser un buen productor de pollos, pero no un buen reconstructor. En efecto, FORSUR, ha terminado siendo una entidad anodina, a la que algún sismo o cataclismo político con epicentro de corrupción de altísimo nivel, debe terminar por desaparecer.
En fin, uno no puede sustraerse al hecho real y concreto de que una desgracia provocada por la naturaleza, solo ha servido para echar por tierra una serie de sofismas y mentiras que a diario escuchamos como supuestas bondades de una política económica que solo sirve a un grupo de privilegiado que no es necesariamente ajeno a la corrupción.
Porque entonces cómo explicarse, que el departamento de Ica que era presentado como la vitrina del éxito de la agroexportación y del pleno empleo, carecía de adecuados servicios de salud y los heridos tenían que ser evacuados a Lima; cómo entender que las casas de dichas ciudades, símbolos de la bonanza de la agroexportación se vinieran literalmente abajo por la precariedad de sus construcciones.
Y ahora, cómo nos explicamos que el país, que según Alan García es el "campeón mundial de la economía", con su crecimiento económico de 9 por ciento que todos envidian; que el país que según García dentro de diez años "va a ser un país del primer mundo", dos años después de la desgracia, no sea capaz de reconstruir ciudades como Pisco y que sus pobladores tengan que hacer marchas de protesta.
Dos años después no solo tenemos que recordar los hechos y honrar las vidas perdidas, sino también volver a comprobar que vivimos en un país donde el sismo del 15 de agosto del 2007, ha dado lugar a un verdadero cataclismo de incapacidad, ineficiencia, e impunidad y a demostrarnos que muchos de los que hoy nos gobiernan, a nivel local, regional y nacional, son unos auténticos inútiles.
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