AP.Net// El tiempo ha pasado volando desde aquel 5 de setiembre en que, gracias a la sugerencia de mi amigo y dirigente campesino Washington Mendoza, tuve la oportunidad de trabajar en la Municipalidad Provincial de Chumbivilcas, que dirige el ingeniero Domingo Benito Calderón.
Y casi sin darme cuenta, transcurrieron siete meses viviendo y conociendo esta tierra entrañable y tan fácil de querer, como sus paisajes, sus tradiciones, su cultura, sus fiestas incomparables y tan propias; pero sobre todo como su gente, su pueblo, sus comunidades, que a través de su vida y de su historia se han encargado de darle vitalidad y mantener vigorosa esa identidad que no solo se respira en sus ocho distritos sino que trasciende sus fronteras, y que se resume en el orgullo inconfundible de ser la "Tierra de los Qorilazos”.
Y, es que por estas tierras ubicadas en los confines de la región Cusco y enclavadas entre las siempre imponentes y altivas cordilleras andinas, es imposible pasar sin dejarse atrapar por ese estela vital, pujante y misteriosa que es la identidad de los Qorilazos, varones y mujeres, niños y ancianos, que en cada uno de sus actos expresa la convicción de mantener viva e inconfundible esa identidad, piedra angular que los ha convertido en la "Capital de la Cultura Viva” de la región del Cusco.
Chumbivilcas y su gente es tal vez uno de los pueblos cusqueños más alegres, festivos y orgullosos, y tienen razones para serlo. Viven y mantienen vigorosas sus tradiciones, gozan y se deleitan con sus bellas e inigualables danzas en las que el colorido de sus trajes típicos y la belleza singular de sus mujeres son una reverencia a la vida, a la Pachamama, a los Apus; pero también al amor, tanto al que se tiene como al que no es correspondido, como lo expresan también sus composiciones musicales, cargadas de sentimiento y de misticismo, de romance o de despecho; o dedicadas simplemente a un anónimo caballo, ese amigo inseparable de los Qorilazos.
Pero así como canta y danza, este pueblo también lucha, y sabe de grandes jornadas sociales que han contribuido a prolongar la estela de ser una tierra de hombres y mujeres valientes y luchadores, tenaces e indoblegables a la hora de combatir y defender sus derechos; persistentes y coherentes para exigir todo aquello que les permita encarar con decisión esa guerra contra la pobreza y la miseria, en la que está empeñado su alcalde y quienes lo acompañan en su gestión.
Pero los Qorilazos también saben de tragedias e injusticias, a las que se enfrentan con esa actitud estoica propia de los pueblos de su estirpe combativa. Por ello, hasta hoy persisten incansables para lograr justicia por las vidas que se perdieron en la tragedia del 24 de diciembre producida por una innombrable empresa de transporte; o para defender sus tierras comunales como lo testimonian los comuneros de Alcca Victoria ante la pasividad de la mayoría de autoridades regionales, pese a que es también la defensa del territorio de la región; o para mantenerse firmes ante tantos juicios como consecuencias de sus persistentes luchas como las que protagonizaron en junio del año pasado.
En fin, los Qorilazos han aportado mucho a la historia del movimiento social del Surandino, aunque varias de sus páginas aún esperan ser desempolvadas sobre todo por los jóvenes y niños.
Algo pude entonces conocer de esta tierra y mucho aprender de su gente; por ello me queda la sensación de haber sido poco lo aportado en esta experiencia de gobierno local que, en medio de errores y aciertos como cualquier obra humana, dirige el Movimiento Autogobierno Allyu, y cuyo aporte mayor se resumen tal vez en el lema "Kunan Llaqtan Kamachiqun” (Ahora el Pueblo manda), fundamento de la democracia participativa que se quiere construir.
Son estas y otras tantas razones por las que solo puede haber un sentimiento de gratitud hacia el pueblo Qorilazo y con quienes me consintieron compartir esta experiencia; y permítanme personalizar este agradecimiento en el espíritu y la sencillez de su alcalde, Domingo Benito Calderón, un Qorilazo convicto y confeso, quien al pragmatismo de su ingeniería ha sumado esa dosis necesaria de compromiso e idealismo, de sueño y esperanza por sacar adelante a la que no duda en llamar "la tierra más linda del mundo”. Hasta siempre Qorilazos, gracias por todo Ayllumasis.
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