AP.Net// Pensaba escribir sobre otros temas relacionados más con aspectos políticos aprovechando la coyuntura de fin de año. Prefiero dejar de lado ese tema y no inhibirme de escribir algo sobre un hecho tan lamentable, que roza las dimensiones de la tragedia y que ha enlutado a cientos de familias campesinas.
Qorilazos, voz quechua que significa Lazo de Oro, se les llama a los Chumbivilcanos, por su destreza para usar el lazo y atrapar caballos, toros, y según dicen en son de broma ellos mismos, para atrapar a una chica o evitar que se vaya y los deje.
Este mes de diciembre, la provincia de Chumbivilcas estuvo en el ojo de la tormenta en la prensa regional del macro sur por los enfrentamientos entre comunidades campesinas ubicadas en los límites de las regiones de Cusco y Arequipa. No vale la pena hoy abundar en detalles; solo decir que algunas aberrantes autoridades de un distrito arequipeño son las que se han encargado de azuzar estos conflictos que estuvieron a punto de cobrar vidas humanas.
Aunque los resultados de los mismos fueron por ciertos casi una treintena de campesinos y campesinas heridas en este absurdo problema que pretendió resolverse a hondazo o a pedrada limpia. La presencia de la policía ha evitado que sigan los enfrentamientos, pero la tensa calma que hoy se vive puede romperse en cualquier momento. Y las autoridades del gobierno regional y del gobierno central llamadas a poner fin a estos problemas siguen brillando por su ausencia.
Y cuando la población empezaba a retomar la calma habitual de nuestros pueblos andinos, cuando miles de familias de Santo Tomás, la capital provincial de Chumbivilcas y sus distritos se aprestaba a adentrarse a sus festividades navideñas, en medio de sus tradicionales huaylías (una música tradicional de navidad) y takanacuy (peleas a puño limpio tanto de varones como mujeres para arreglar sus desavenencias), cuando se preparaban para esta navidad, decía, el manto de la tragedia se tendió sobre decenas de familias.
En las primeras horas del 24 de diciembre, a eso de las 5 y 30 de la mañana, un ómnibus de una empresa Guapo Lindo que venía de Arequipa a Santo Tomás, se desbarrancó a unas tres horas de llegar a su destino. El saldo trágico fue de 42 personas muertas, muchas de ellas jóvenes varones y mujeres, en algunos casos hasta familias completas. Y digo que es una tragedia pues no solamente es el más grave accidente de tránsito que se registra en la historia de Chumbivilcas, sino por las consecuencias que está teniendo para los familiares.
Una empresa informar, un ómnibus con capacidad para 48 pasajeros que trasladaba a más de 70 personas en pasillos y bodegas, que no tenía SOAT vigente, que no tenía permiso para operar esa ruta, que al momento del accidente tenía dos tarjetas de propiedad, con una placa que no le correspondía y que luego del accidente fue inescrupulosa y torpemente cambiada; dueños que hasta ahora no solo han clausurado el local de la empresa sino que son incapaces de dar la cara y permanecen insensibles ante el dolor los deudos, en fin, esa es la fila de irregularidades que envuelven este accidente.
Pero hay más: la mayoría de las víctimas son familias campesinas, modestas, pobres y sin recursos para poder atender las necesidades que un accidente así implica; abandonadas a su suerte por la empresa y el seguro pues hasta ahora el SOAT no ha servido para nada; y como son humildes campesinos, no saben qué hacer, a donde recurrir; solo la municipalidad provincial de Chumbivilcas los a apoyado con los ataúdes, una empresa minera ha aportado con algo de dinero para los familiares, pero la tragedia sigue su curso: decenas de niños huérfanos, decenas de viudas y viudos que no encuentran respuesta a tanto dolor, que derepente y en un minuto fatal, la inexperiencia de un chofer les quitó y les cambió radicalmente la vida. Y mientras quienes asumen diversas responsabilidades en esta tragedia siguen disfrutando del fin de año, estas víctimas, solo pasarán a ser parte de las gélidas estadísticas que dan cuenta de quienes encuentran en un viaje su destino final, aunque estas cifras frías no registren por cierto todo el dolor y la tragedia que se esconde detrás de estas desgracias.
Chumbivilcas, la tierra de los Qorilazos, trata todavía de salir de este dramático trance. Hay muchas promesas para ayudar a los familiares de las víctimas; el dolor se niega a abandonar todavía a las familias, a todos quienes han vivido y sentido esta desgracia. Sabemos que el tiempo disipará de a pocos el dolor que hoy se vive, pero ojalá que con ello no se disipen todos los reclamos que hoy se hacen Chumbivilcas para humanizar el transporte, rubro que hasta ahora parece ser tierra de nadie. Que esta tragedia de los Qorilazos no sea en vano, que sus lazos dejen escapar las desventuras y solo atrapen buenas nuevas en el 2010.
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