AgenciaPerú.Net//Para quienes hemos hurgado en el anaquel de la historia y vivimos experiencias muy objetivas en nuestro país y el mundo.Para los que crecimos en la pobreza y limitaciones de toda índole y supimos remontar la adversidad hasta formar, en libertad, un porvenir para hijos y nietos. Para los que escuchamos, de primera voz, a los abuelos y bisabuelos lo que ocurrió en nuestro Perú y el orbe en épocas aciagas, de lucha, terror y muerte, no nos asombra lo que ocurre actualmente.
La dimensión de la vida en la que estamos no es ni mejor ni peor que la de los años pasados ni la del futuro que venga. Sólo es una etapa más de la vida del género humano. El hombre fue, es y seguirá sacando lo mejor y lo peor, según las circunstancias. Es una falacia pensar que la civilización es más justa, o más humana, o superior, en estos días. El ser humano sigue navegando por los conocidos pecados capitales.
Mientras el cambio, al margen de las leyes, pensamientos políticos y adelantos científicos, no ocurra al interior del espíritu humano, seguiremos igual y, en algunos casos, retrocediendo.
Las religiones han tratado de influir en dicho cambio. Sus logros han sido diversos pero no suficientes. Las corrientes políticas distintas, sean de izquierda, de derecha o de centro también siguen intentando el cambio social con marchas y contramarchas. La ciencia continúa poniendo su esfuerzo en mejorar la calidad de vida del cuerpo humano y dotarlo de avances para su beneficio, pero esos mismos avances se usan para la destrucción y muerte.
Construyamos una nueva esperanza
Todo lo mencionado anteriormente está lejos de ser un canto a la desesperanza. Al contrario es una foto de la realidad, es un tomar conciencia de lo que somos y de lo que debemos mejorar, así como para empezar a curar a un adicto es necesario que él se sepa adicto.
De allí que debemos mirarnos al espejo de la verdad. Reconocernos, sin soberbias ni petulancias, que aún somos pequeños en nuestro desarrollo interior. Por ejemplo, hemos ido poco a poco destruyendo el núcleo familiar. Los principios y valores de la vida nuclear se han diluido.
La falta de respeto de sus integrantes para los otros miembros de la familia se hace patente cada día más. Los abusos, el libertinaje, los abandonos, los crímenes, los olvidos, en suma la falta del amor elemental que hace de la familia la fuerza de la sociedad se está perdiendo. Si se suma la poca o nula comunicación, entre sus integrantes, ya sea por trabajo, estudios, diversión o cualquier cosa, el resultado es perjudicial para la familia.
Pero creo en que sí podemos dar el salto grande para mejorar como individuos, como seres humanos, como familia y como sociedad. Debemos partir de uno mismo : tendremos que ser realistas con nosotros, aprender de nuestros errores y defectos, sembrar amor en lugar de la discordia y el odio, respetarnos y respetar, en suma hacer el esfuerzo por ser mejores sin estar echando la culpa a otros de nuestra situación.
Sólo quien cree en sí mismo y desarrolla sus potenciales, dentro de un marco de unión y amor, podrá tener oportunidad en esta vida.
Independiente de los otros, a los que con frecuencia los consideramos culpables de lo que nos ocurre. Un elemento fundamental para empezar a mover esa rueda del crecimiento interior está en comunicarse en forma franca y abierta, en buscar puntos de concordancia con los otros y caminar juntos en pos de un beneficio mutuo.
De esta manera, paso a paso, desde uno a su familia. Desde los vecinos y amigos. Desde los compañeros de estudio y de trabajo. Desde nuestra pareja , que es el complemento de la nueva familia, hasta la gente que nos rodea, podremos iniciar el mejoramiento que soñamos. Podremos construir familias estables y sociedades más justas. Empieza hoy, como yo, pon amor en tus actos.
Por Addhemar Sierralta. Periodista
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