AgenciaPerú.Net// Más allá de los alentadores triunfos de Kina Malpartida y las chicas del voleibol, tanto de las menores como las mayores, anoche me impactó un informe de "Fuego Cruzado" acerca de la obra maravillosa de Îtalo Montenegro, un profesor que en el pueblo de El Palto en Bagua Grande realmente hizo un aporte singular, extraordinario y ejemplar para motivar empresarial y socialmente a todos los lugareños a desarrollar una industria cafetalera que viene logrando éxito internacional.
Montenegro, un profesor de matemáticas, y su esposa una administradora de empresas, ambos comprometidos con las necesidades de los niños y jóvenes del pueblo hicieron un rápido diagnóstico que explicaba la deserción, desnutrición y ausentismo escolar. Según el maestro "el problema no está en el dinero sino en la falta del dinero". De allí que lo importante, no fue realizar reclamos a sus jefes, ni a las autoridades, ni protestas ni tomas de colegios o carreteras, etc. Los talentos de la pareja y su fe religiosa, junto con su mente empresarial muy clara, basada inicialmente en su capacidad de planificación, comunicación y motivación a los padres de los muchachos, obtuvo resultados.
Los logros han sido el cultivar un café orgánico, seleccionarlo, envasarlo, y con la ayuda de una ONG canadiense conseguir un mercado interesante en Canadá y en los Estados Unidos, donde al comparar el producto con similares procedentes de otras partes del mundo, el "Café El Palto" ha sido considerado como de los mejores del mundo, tanto por su calidad como por su aroma y sabor achocolatado exclusivo.
Actualmente es el café consumido por una de las cadenas de servicios de café más exclusivas del orbe y se han suscrito contratos a largo plazo para satisfacer la demanda, que crece día a día. Pero lo sorprendente es que ahora sì hay plena asistencia de alumnos a las clases del colegio de El Palto, los padres de familia trabajan en los cafetales y tienen los recursos para dotar a sus seres queridos de lo que se requiere.
Existe una semilla que crece en cuanto al sentimiento empresarial, a la confianza en sí mismos y creer que con técnicas de administración aplicadas se puede implantar ese entusiasmo en los jóvenes para desarrollar otros proyectos empresariales y tecnológicos. Ítalo piensa que este ejemplo debe servir de base para transformar los programas de educación tradicionales hacia otros de corte técnico que permitan a sus alumnos contar con las herramientas para repetir proyectos como el del café. En muchas regiones del país se puede realizar muchos otros con los recursos de la zona.
Hoy sus exalumnos, debidamente preparados, son sus asistentes más valiosos en una empresa donde todos perciben solidariamente los beneficios de la misma.
Hace años, en plena campaña electoral del presidente Kennedy de los Estados Unidos de América, un periodista le preguntó al entonces candidato: "Qué va a hacer usted por el país cuando salga elegido". De inmediato, el candidato, le replicó con otra pregunta: Y usted qué hará por su país". Montenegro hace por el Perú, no ha necesitado que otros hagan, su idea la plasmó y buscó concretarla como cualquier empresario privado exitoso. Preparó un plan, buscó socios estratégicos, supo comunicar su empresa y logró el objetivo de conseguir el dinero para resolver los problemas de su comunidad. Tal vez aún falta mucho por resolver en El Palto, pero el ejemplo es la ruta a seguir.
Por su iniciativa y esfuerzo, además del logro que enorgullece a los peruanos, Ítalo Montenegro fue distinguido por el Interbank como "El maestro que deja huella". Ojalá tuviéramos a muchos como él.
Por Addhemar Sierralta. Periodista
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