AgenciaPerú.Net//A veces parece que en el Perú se dieran los sucesos más increÃbles. Ante el esfuerzo de las autoridades por corregir los desatinos e imprudencia de los choferes que manejan sin cumplir las disposiciones de tránsito y que han causado accidentes con saldo lamentable de miles de muertos y heridos en lo que va de este año ocurre lo impredecible e inaudito.
Cuando atendiendo a las voces de protesta de los ciudadanos, ante la impunidad de estos criminales al volante, y por vez primera se estableció un reglamento de multas a las infracciones de tránsito lo suficientemente severo, hace unos dÃas, se realizó un paro de choferes para exigir dejar sin efecto las nuevas sanciones.
Hasta aquàpodrÃa aceptarse que ciertos malos choferes o transportistas protesten, pero de allà a que parte del público los apoye resulta incomprensible. Máxime si estos huelguistas, siguiendo la tónica de moda, cerraron la Carretera Central, atacaron a los vehÃculos que circulaban y causaron heridos de consideración.
Nuevamente esta situación determinó que, los manifestantes y huelguistas, provocaran a la policÃa para que se causara alguna vÃctima para asà rasgarse las vestiduras y hacer de ello una "masacre". Los dirigentes irresponsables patrocinaron con sus huestes de desadaptados daños materiales considerables a inocentes.
Y oh sorpresa, entre los manifestantes se detuvo a un ciudadano venezolano, dice que casado con peruana, quien estaba - según la policÃa - agitando y actuando revoltosamente en la huelga de los choferes. Hay que investigar y aclarar qué hace un extranjero metido en estos menesteres. Qué dirÃan en su paÃs si un peruano fuera capturado en similares circunstancias.
Hay coincidencias extrañas en estas situaciones de huelgas, paros, tomas y protestas. El año pasado, pocos dÃas antes de los sucesos de la revuelta de los nativos, Pizango y otros dirigentes estuvieron unos dÃas en Bolivia. Tal vez haciendo turismo. Pero al regresar manejaron las acciones de tal manera que atacaron, entre otras cosas, la red de comunicaciones del gas de Camisea.
También fue mucha coincidencia que pocos dÃas antes de lo que pasó en Bagua, el pasado mes de junio, causándose 33 muertes, se estuviera realizando en Puno un encuentro internacional de indÃgenas. No es que querramos señalar que estamos apoyando las acciones del gobierno, que pudo evitar los luctuosos sucesos atendiendo a tiempo los reclamos justos de los nativos, sino que paralelamente, y a menudo, se da motivo para realizar actos violentos, aprovechándose de esto los que desean desestabilizar al Perú.
Por Addhemar Sierralta. Periodista









