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Uchuraccay es aún una herida abierta en el periodismo 35 años después

Uchuraccay es aún una herida abierta en el periodismo 35 años después

Se habla hoy en nuestro país del año del diálogo y de la reconciliación nacional, nombre para reflexionar y repensar muchas cosas en voz alta

No se puede hablar de reconciliación, si no se ha reconciliado con el pasado, un pasado que nos cuestiona y que exige verdades, como la que exigimos los periodistas, la sociedad civil y en especial los deudos  de Jorge Mendivil, Eduardo de la Piniella, Jorge Sedano, Amador García, Willy Retto, Octavio Infante, Pedro Sánchez y Félix Gavilán, así como la del guía Juan Argumedo, y la del  comunero uchuraccaíno Severino Huáscar Morales,  ocho periodistas, un guía y un comunero que partieron un 26 de enero de 1983 en búsqueda de la noticia sobre enfrentamientos contra Sendero Luminoso que habían dejado varios muertos en la zona y no volvieron más.

En un confuso incidente los ocho periodistas, junto a su guía, fueron acusados de ser terroristas y posteriormente asesinados por los comuneros de la zona. De poco sirvieron las identificaciones y las palabras para aclarar la situación (incluso la del  comunero de la zona, que  los defendió pero sufrió el mismo destino). Los campesinos habían recibido instrucciones estrictas de altos mandos de la Guardia Civil de aquella época de tratar con hostilidad a todos aquellos que llegaran a la zona a pie.

“Los enemigos llegan por tierra y los amigos por el aire [refiriéndose a los helicópteros que usaban los militares]”, fue el mensaje que supuestamente les dijeron a los pobladores.

El hecho causó tanta conmoción que el Gobierno de Fernando Belaunde (1980-1985) conformó una comisión investigadora presidida por Mario Vargas Llosa, que en su informe final concluyó que los campesinos eran los únicos responsables.

Asimismo, otra comisión investigadora,  luego de cinco años de proceso judicial, determinó que dos comuneros fueron condenados a quince años de prisión, mientras que un tercero que se encontraba esperando la sentencia, falleció en la cárcel.

Además según el informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación presentado en 2003, las víctimas fueron confundidas con terroristas. Tras atacarlas a machetazos y matarles.

Hechos  que siempre han rechazado los familiares de las víctimas, que sostienen que hubo militares “infiltrados” que azuzaron el linchamiento. El rechazo es justificado puesto que en el libro “Uchuraccay, el pueblo donde morían los que llegaban a pie”, publicado en el 2016 por los periodistas Víctor y Jaime Tipe Sánchez se afirma que los militares sí estuvieron en Uchuraccay en los días previos a la matanza.

En una entrevista a la agencia EFE, Tipe Sánchez aseguró que patrullas militares llegaron al pueblo tanto a fines de diciembre de 1982 como a comienzos de enero de 1983 para dar “pequeños consejos de seguridad” a los pobladores y conformar un comité de autodefensa contra los senderistas.

Hoy, 35 años después, los periodistas, la sociedad civil y los familiares de las víctimas exigimos que se determine la responsabilidad política de los miembros de las Fuerzas Armadas por los hechos ocurridos.

Pero estos deudos no son los únicos: a lo largo de los años la comunidad campesina de Uchuraccay hoy perdida en el mapa,  sufrió la pérdida de 135 de sus miembros a manos de la violencia terrorista de Sendero Luminoso.

Desde Agencia Perú es nuestro deber recordar e informar a las nuevas generaciones de lo que pasó en nuestro país como una forma de reivindicar a las víctimas de la violencia y a aquellos que se sacrificaron para llegar a la verdad.

Como miembros de una sociedad que engendró tanto dolor, se los debemos.

Jorge Luis Castañeda Becerra.

 

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