El Día de la Madre es sin duda un día de especial celebración y recordación para cada uno de nosotros.

Hablar de nuestra mamá es recordar nuestra niñez; es añorar tenerla con nosotros si no lo está; es querer sentir su abrazo, su beso, su regazo, su palabra; es rememorar alguna anécdota cómplice junto a ella, alguna travesura, alguna llamada de atención, alguna comida especial que solo ella hacía; en fin, un cúmulo de sensaciones indescriptibles, pues, no hay mejor mamá en el mundo que nuestra mamá.

Desde Agencia Perú hoy queremos honrarla, como un tributo a todo lo que son y serán en nuestra vida, recopilando tres poemas de tres autores peruanos — Carlos Oquendo de Amat, Abraham Valdelomar  y César Vallejo — que tienen como temática central la figura materna.

 “Madre” de Carlos Oquendo de Amat —

En “5 Metros de Poemas” (1929)

Tu nombre viene lento como las músicas humildes

y de tus manos vuelan palomas blancas.

Mi recuerdo te viste siempre de blanco

como un recreo de niños que los hombres miran desde aquí distante.

Un cielo muere en tus brazos y otro nace en tu ternura

A tu lado el cariño se abre como una flor cuando pienso.

Entre ti y el horizonte

mi palabra está primitiva como la lluvia o como los himnos

porque ante ti callan las rosas y la canción.

“El hermano ausente en la cena pascual” de Abraham Valdelomar — En “Las voces múltiples” (1916)

La misma mesa antigua y holgada, de nogal,

Y sobre ella la misma blancura del mantel

Y los cuadros de caza de anónimo pincel

Y la oscura alacena, todo, todo está igual…

Hay un sitio vacío en la mesa hacia el cual

mi madre tiende a veces su mirada de miel

y se musita el nombre del ausente;

pero él hoy no vendrá a sentarse en la mesa pascual.

La misma criada pone, sin dejarse sentir,

la suculenta vianda y el plácido manjar;

pero no hay la alegría ni el afán de reír

que animaran antaño la cena familiar;

y mi madre que acaso algo quiere decir,

ve el lugar del ausente y se pone a llorar…

LXV de César Vallejo — En “Trilce” (1922)

Madre, me voy mañana a Santiago,

a mojarme en tu bendición y en tu llanto.

Acomodando estoy mis desengaños y el rosado

de llaga de mis falsos trajines.

Me esperará tu arco de asombro,

las tonsuradas columnas de tus ansias

que se acaban la vida. Me esperará el patio,

el corredor de abajo con sus tondos y repulgos

de fiesta. Me esperará mi sillón ayo,

aquel buen quijarudo trasto de dinástico

cuero, que para no más rezongando a las nalgas

tataranietas, de correa a correhuela.

Estoy cribando mis cariños más puros.

Estoy ejeando ¿no oyes jadear la sonda?

¿no oyes tascar dianas?

estoy plasmando tu fórmula de amor

para todos los huecos de este suelo.

Oh si se dispusieran los tácitos volantes

para todas las cintas más distantes,

para todas las citas más distintas.

Así, muerta inmortal. Así.

Bajo los dobles arcos de tu sangre, por donde

hay que pasar tan de puntillas, que hasta mi padre

para ir por allí,

humildóse hasta menos de la mitad del hombre,

hasta ser el primer pequeño que tuviste.

Así, muerta inmortal.

Entre la columnata de tus huesos

que no puede caer ni a lloros,

y a cuyo lado ni el destino pudo entrometer

ni un solo dedo suyo.

Así, muerta inmortal.

Así.

 Feliz día Mamá.

Les desea Agencia Perú.

Jorge Luis Castañeda Becerra
Director Agencia Perú.