- Un análisis de Equifax – Infocorp muestra que, entre las personas MYPE con 16 a 30 días de atraso, el 47% termina con más de 180 días de mora al cabo de un año, mientras que el 37% logra regularizarse
Las micro y pequeñas empresas son uno de los motores de la economía peruana. Detrás de ellas hay personas naturales, emprendedores y pequeños negocios que dependen del flujo diario de ingresos para comprar, vender, pagar obligaciones y sostener su actividad.
En el Perú se identifican 6.77 millones de personas vinculadas a alguna actividad MYPE. De ellas, más de 5.2 millones registraron crédito en el sistema financiero regulado durante los últimos 12 meses, lo que confirma la alta presencia crediticia de este segmento.
En ese contexto, un atraso de pocos días no siempre debe leerse como un hecho aislado. Para una persona MYPE, puede ser la primera señal de tensión en su flujo de caja. Un análisis del Equipo de Data & Analytics de Equifax Perú muestra que, mientras más avanza el atraso inicial, menor es la posibilidad de recuperación y mayor el riesgo de terminar en una mora prolongada.
La data muestra que los atrasos iniciales aún pueden corregirse. Entre las MYPE que empezaron con cero a ocho días de retraso, el 86% se mantuvo en ese nivel un año después y apenas el 5% llegó a una mora superior a 180 días.
Sin embargo, la situación cambia con rapidez. Cuando el atraso alcanza entre nueve y 15 días, casi la mitad logra regularizarse, aunque un 34% ya termina en mora prolongada.
La alerta se vuelve más clara entre los 16 y 30 días: en ese punto, el 47% termina con más de 180 días de mora y solo el 37% logra regularizarse. Ese cruce marca el momento en que el retraso deja de ser una señal menor y empieza a anticipar un deterioro más difícil de revertir.
“Para una persona MYPE, un atraso de dos semanas puede parecer manejable, pero la data muestra que es una señal que no debe pasar desapercibida. Entre los nueve y 15 días todavía existe una oportunidad importante de regularización; sin embargo, entre los 16 y 30 días el riesgo de terminar en una mora prolongada aumenta de forma relevante”, señaló Carolina Arias Andrade, Gerente de Data & Analytics de Equifax.
La oportunidad de recuperación se reduce después del primer mes
Los primeros 30 días son una ventana clave para actuar. En ese periodo, las entidades financieras aún pueden detectar señales tempranas y ofrecer alternativas antes de que el atraso sea más difícil de revertir.
Después del primer mes, el escenario cambia. Entre las personas MYPE que comenzaron con 31 a 45 días de atraso, el 62% terminó con más de 180 días de mora al cabo de un año, mientras que solo el 26% logró regularizarse.
La proporción que termina en mora prolongada continúa aumentando conforme crece el atraso inicial:
- 31 a 45 días: 62% termina con más de 180 días de mora.
- 46 a 60 días: 68%.
- 61 a 90 días: 78%.
- 91 a 120 días: 84%.
- 120 a 180 días: 87%.
- Más de 180 días: 95% permanece en ese mismo tramo un año después.
En paralelo, la capacidad de recuperación se reduce de manera progresiva. Mientras que el 47% de quienes tenían entre nueve y 15 días logró volver al tramo de menor atraso, esta proporción baja a 26% entre quienes tenían de 31 a 45 días y cae a solo 4% entre quienes ya superaban los 180 días.
El efecto bola de nieve del atraso
Los datos muestran que un retraso inicial puede crecer rápidamente si no se atiende a tiempo. En los primeros 15 días, casi la mitad de las personas MYPE logra regularizar su situación. Después del primer mes, esa posibilidad se reduce casi a la mitad y, cuando el atraso supera los 180 días, apenas el 4% consigue volver a niveles bajos de mora.
Esta evolución refleja un efecto bola de nieve porque mientras más tiempo pasa, más difícil se vuelve revertir el atraso. Por eso, detectar las primeras señales y actuar antes de los 30 días puede marcar la diferencia entre una dificultad temporal y una mora prolongada.
Siete de cada diez MYPE clasificadas están en condición normal
El estudio también observa a las MYPE bancarizadas con clasificación de riesgo SBS disponible en abril de 2026. Sobre una base de casi 4.8 millones de personas, el 72% se encontraba en condición normal y el 28% tenía una clasificación distinta.
Aunque la mayoría mantiene una condición normal, la evolución de los atrasos muestra la importancia de detectar señales tempranas antes de que una dificultad inicial se convierta en mora prolongada.
Señales para prevenir el deterioro
El análisis muestra que actuar antes de los 30 días puede marcar una diferencia. Después de ese punto, la mora prolongada se vuelve más frecuente y la posibilidad de recuperación disminuye.
“Observar el nivel de atraso y la evolución de las señales financieras permite pasar de una gestión reactiva a una mirada más preventiva”, concluyó Arias Andrade.



