- No basta con conocer la ruta de evacuación. Tener roles definidos permite responder de manera ordenada, evitar confusiones y brindar apoyo a quienes lo necesitan durante una emergencia.
La preparación frente a un sismo cobra especial relevancia en Lima. De acuerdo con un escenario de riesgo elaborado por el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (CENEPRED), 56 distritos de la capital se encuentran en zonas identificadas con riesgo muy alto ante la ocurrencia de sismos. En esos distritos podrían verse afectadas hasta 9,8 millones de personas.
En este contexto, la preparación en los centros de trabajo no debería limitarse a conocer las rutas de evacuación. En edificios corporativos, donde pueden concentrarse decenas o incluso cientos de personas, contar con responsabilidades previamente asignadas puede ayudar a reducir la improvisación y facilitar una respuesta organizada durante los primeros minutos de una emergencia.
«Muchas veces pensamos que estar preparados significa únicamente conocer la ruta de evacuación. Sin embargo, una respuesta efectiva depende también de que cada persona sepa qué hacer, a quién apoyar y cómo actuar durante los primeros minutos de una emergencia«, señala Giancarlo Ameghino, gerente de Gestión y Desarrollo Humano del Grupo Crosland.
Ante este escenario, Ameghino recomiendan que las organizaciones definan y practiquen previamente siete funciones clave para fortalecer su capacidad de respuesta:
- Comunicar y activar el protocolo: informar oportunamente sobre la emergencia y transmitir las indicaciones oficiales.
- Verificar áreas y rutas de evacuación: comprobar que las zonas asignadas hayan sido evacuadas y que las salidas permanezcan despejadas, sin exponerse a situaciones de riesgo.
- Guiar la evacuación: orientar a los colaboradores hacia las zonas seguras y evitar que regresen por objetos personales.
- Apoyar a personas que requieren asistencia: identificar previamente a quienes puedan necesitar apoyo y acompañarlos durante la evacuación.
- Realizar el conteo y reportar incidencias: verificar que los colaboradores hayan llegado al punto de encuentro y comunicar si alguna persona falta o requiere ayuda.
- Brindar primeros auxilios y coordinar la atención: atender situaciones básicas dentro del nivel de capacitación y contactar a los servicios de emergencia cuando corresponda.
- Coordinar la respuesta del equipo: supervisar que los roles se cumplan, mantener la calma y apoyar la toma de decisiones posteriores a la emergencia.
Ademas, Ameghino destaca que los simulacros también representan una oportunidad para comprobar si los responsables conocen sus funciones y si los mecanismos de comunicación funcionan adecuadamente.
«Los protocolos son importantes, pero son las personas quienes los ponen en práctica. Cuando los roles están claros, las decisiones se toman con mayor rapidez y la respuesta suele ser más ordenada y segura para todos«, concluye.
Por ello, más allá de medir cuánto demora una evacuación, los simulacros deberían servir para evaluar si los responsables conocen sus funciones, si los canales de comunicación son efectivos y qué aspectos requieren fortalecerse.
La pregunta no es solo ¿por dónde evacúo?, sino también ¿qué me corresponde hacer para ayudar a que todos estén seguros?



