El sector de edificios y construcción concentra el 32 % del consumo mundial de energía y genera el 34 % de las emisiones globales de CO₂, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Estas cifras muestran el impacto que puede tener una gestión más eficiente en oficinas, hospitales, hoteles, universidades y centros comerciales.
A diferencia de una infraestructura convencional, que mantiene sus sistemas funcionando con parámetros fijos, un edificio inteligente utiliza información para adaptar su operación. Esto le permite identificar consumos innecesarios, regular equipos según la ocupación, gestionar los momentos de mayor demanda e integrar recursos energéticos disponibles en la propia instalación.
Un edificio se vuelve inteligente cuando sus sistemas dejan de operar de manera aislada. Al integrar la información de climatización, iluminación, distribución eléctrica y otras cargas, es posible tomar decisiones basadas en las condiciones reales de cada espacio y utilizar la energía de acuerdo con las necesidades de la operación, explica Schneider Electric.
Para reducir el consumo y gestionar la demanda energética de un edificio, la compañía recomienda considerar las siguientes acciones:
Estas medidas deben adaptarse a cada tipo de infraestructura. Un hotel puede regular los sistemas de las habitaciones según su ocupación; una universidad, alinearlos con sus horarios académicos; y un centro comercial, coordinar la climatización y la iluminación con sus horas de atención. En un hospital, la gestión debe diferenciar y priorizar las cargas indispensables para la atención de los pacientes.
Soluciones como EcoStruxure Building Operation y EcoStruxure Microgrid Advisor, de Schneider Electric, permiten integrar información, automatizar sistemas y coordinar los recursos energéticos disponibles. Así, los edificios pueden optimizar su consumo, reducir la demanda en momentos críticos y mejorar su capacidad de respuesta sin afectar la experiencia de sus ocupantes.
Más que incorporar dispositivos conectados, un edificio inteligente debe ser capaz de comprender cómo utiliza la energía y actuar sobre esa información. Esta capacidad lo convierte en una infraestructura más eficiente, flexible y preparada para responder a las nuevas exigencias energéticas.


