• El Perú genera más de 100.000 toneladas de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos al año, de acuerdo con el Ministerio del Ambiente.
  • La condición, el desempeño, la disponibilidad de repuestos y la criticidad del equipo son determinantes para decidir entre modernizarlo o reemplazarlo.

En el Perú se generan cada año más de 100.000 toneladas de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, según el Ministerio del Ambiente (MINAM). Frente a este escenario, extender la vida útil de los activos que todavía pueden operar de manera segura representa una oportunidad para reducir la generación prematura de residuos e incorporar criterios de economía circular en las decisiones empresariales.

En una instalación eléctrica, la antigüedad de un equipo no determina por sí sola la necesidad de reemplazarlo. Su condición física, desempeño, disponibilidad de repuestos y capacidad para responder a las exigencias actuales también deben analizarse antes de decidir entre actualizar componentes o sustituir todo el sistema.

“La modernización no consiste en conservar los equipos indefinidamente, sino en identificar qué partes mantienen condiciones adecuadas y cuáles necesitan actualizarse. Un diagnóstico técnico permite dirigir la inversión hacia las necesidades reales de la instalación, sin comprometer la seguridad ni el desempeño de la operación”, señaló Adriana Fonseca, directora de Industrial Automation para Schneider Electric.

¿Qué se debe evaluar?

Antes de renovar o reemplazar un equipo eléctrico, la especialista recomienda considerar cinco aspectos:

  • Revisar su condición física. La inspección debe identificar señales de corrosión, sobrecalentamiento, desgaste o fallas recurrentes. Si el deterioro afecta la estructura del equipo o representa un riesgo para las personas y la operación, una actualización parcial podría no ser suficiente.
  • Analizar su desempeño. Un activo puede continuar funcionando, pero haber perdido eficiencia o presentar interrupciones con mayor frecuencia. Comparar su comportamiento actual con registros anteriores permite detectar cambios y definir si requiere mantenimiento, modernización o reemplazo.
  • Verificar la disponibilidad de repuestos. Contar con piezas, soporte técnico y especialistas capacitados resulta clave para mantener el equipo en funcionamiento. Cuando los componentes han dejado de fabricarse o son difíciles de conseguir, una eventual falla puede prolongar la paralización de la operación.
  • Considerar las nuevas necesidades. El crecimiento de la producción, la incorporación de maquinaria o la necesidad de monitorear la instalación en tiempo real pueden superar las capacidades originales del sistema. En estos casos, un retrofit puede añadir funciones de protección, medición, control o conectividad sin retirar toda la infraestructura existente.
  • Identificar los activos críticos. Los equipos cuyo fallo podría detener un proceso, afectar la seguridad o generar pérdidas importantes deben atenderse primero. Clasificarlos según su impacto ayuda a establecer prioridades y desarrollar un plan de modernización por etapas.

Cuando la evaluación confirma que parte de la infraestructura conserva condiciones adecuadas, el retrofit permite reemplazar componentes desactualizados, mientras que el reacondicionamiento y la digitalización pueden recuperar el desempeño e incorporar información sobre el funcionamiento de los equipos. Si existen daños estructurales, riesgos de seguridad o limitaciones que no pueden corregirse, el reemplazo completo será la alternativa más conveniente.

Soluciones como EcoFit, de Schneider Electric, permiten modernizar determinados equipos eléctricos, integrar capacidades digitales y gestionar la recuperación de materiales al finalizar su vida útil. Así, las empresas pueden adaptar sus instalaciones a nuevas exigencias operativas, distribuir mejor sus inversiones y avanzar hacia una gestión más circular de sus activos sin empezar necesariamente desde cero.