La tiroides es una glándula pequeña ubicada en el cuello que cumple un papel fundamental en el organismo, ya que produce hormonas que regulan la energía, la temperatura corporal y el funcionamiento del corazón, el cerebro y otros sistemas. Los trastornos tiroideos son frecuentes y, en muchos casos, sus síntomas pueden pasar desapercibidos, lo que retrasa el diagnóstico y el tratamiento oportuno.
“El hipotiroidismo y el hipertiroidismo son las alteraciones más comunes de la tiroides y pueden afectar de manera significativa la calidad de vida si no se detectan a tiempo”, señala el Dr. Ossama Lashin. Estas condiciones suelen estar asociadas a enfermedades autoinmunes como la de Hashimoto o la de Graves. También son frecuentes los nódulos tiroideos, que aparecen en un gran porcentaje de la población adulta y que, en la mayoría de los casos, no son cancerosos.
Las mujeres, los adultos mayores y las personas con antecedentes familiares de enfermedad tiroidea u otras enfermedades autoinmunes presentan un mayor riesgo de desarrollar estos trastornos. “Factores como una ingesta inadecuada de yodo, la exposición a radiación en cabeza o cuello y ciertos medicamentos también influyen en la salud tiroidea”, explica el Dr. Lashin. Aunque no todas las enfermedades tiroideas pueden prevenirse, una dieta adecuada y la atención médica temprana ayudan a reducir complicaciones.
Los especialistas no recomiendan realizar pruebas de tiroides de forma rutinaria en personas sin síntomas ni factores de riesgo. Sin embargo, el Dr. Lashin advierte que “es importante consultar al médico si se detecta un bulto en el cuello, dificultad persistente para tragar o cambios en la voz”. La información y la detección temprana continúan siendo claves para el cuidado integral de la salud tiroidea.

